Egresada Francisca Morales: “La Ingeniería entrega herramientas extraordinarias para comprender problemas y transformar realidades, pero no existe una única manera de ser ingeniera”

Francisca Morales Rodríguez es Ingeniera Civil Industrial de la Universidad de Santiago. Cuenta con un magíster en Dirección de Marketing de la UAI y actualmente cursa un segundo magíster en Artes Liberales en la misma institución. Con una trayectoria profesional que ha transitado por la gestión, el marketing, el emprendimiento, la consultoría y la docencia, en esta oportunidad Francisca reflexionó sobre su camino profesional, el liderazgo femenino y la importancia de que más mujeres se atrevan a ocupar espacios de decisión en Ingeniería.

1. ¿Qué te motivó a estudiar Ingeniería y qué recuerdas de tus primeros años como

estudiante en la Universidad?

La verdad es que a los 17 o 18 años no tenía total claridad sobre lo que significaba ser ingeniera. Fueron mi primo y mi cuñado, que en ese momento estaban terminando sus carreras de Ingeniería, quienes me mostraron las distintas especialidades y despertaron mi interés. Lo que sí tenía muy claro era que las matemáticas y la física me fascinaban.

Entré inicialmente a Ingeniería Civil Química, porque mi puntaje no alcanzó para Ingeniería Civil Industrial. Al año siguiente, gracias a mi buen desempeño académico, pude cambiarme. Me atraía especialmente la amplitud de Ingeniería Industrial y la posibilidad de combinar análisis, gestión, personas, sistemas, finanzas, economía y procesos, herramientas que sentía que me permitirían desenvolverme en distintos ámbitos de la industria.

De mis años en la USACH tengo recuerdos maravillosos. Fue una etapa de mucha vida universitaria, grandes amistades que conservo hasta hoy y encuentros que marcaron mi historia, entre ellos, conocer a quien después sería mi marido. La diversidad de estudiantes y realidades que convivían en el campus también me enseñó mucho sobre adaptación, apertura y convivencia.

Además hubo una experiencia que marcó profundamente mi paso por la Universidad y lo defino como un antes y un después: enfrenté un problema de salud muy grave que puso mi vida en riesgo. En ese momento recibí un apoyo enorme de mis compañeros y de la propia Universidad, algo que recuerdo hasta hoy con mucha gratitud.

La USACH también me mostró que la experiencia universitaria iba mucho más allá de la sala de clases. Participé en la selección de aeróbica y pude compartir con entrenadores y deportistas de distintas disciplinas. Si pudiera volver atrás, probablemente sería todavía más “busquilla”: aprovecharía más oportunidades de intercambio, idiomas o experiencias laborales dentro de la Universidad.

Académicamente fue una formación muy exigente, que me obligó a crecer en autonomía, perseverancia y capacidad para resolver problemas. Con los años entendí que la Universidad no solo me entregó conocimientos técnicos; también moldeó mi manera de enfrentar los desafíos profesionales y personales. Después continué fortaleciendo esas capacidades en las empresas donde comencé mi carrera profesional, grandes multinacionales que muchas veces defino como mi segunda universidad.

Además, volver años después a la misma Universidad desde el rol docente me ha permitido mirar a esa estudiante con otros ojos, valorar mucho más todo lo que significó esa etapa y reconocer lo que he ido construyendo hasta hoy.

2. ¿Hubo alguna persona, experiencia o momento durante tu formación que haya sido especialmente importante para definir tu camino profesional?

Más que un único momento, creo que mi camino profesional se fue construyendo a partir de distintas experiencias y de una disciplina constante para seguir fortaleciendo mis conocimientos a través de diferentes estudios.

La USACH fue el punto de partida, entregándome una formación de pregrado amplia y, sobre todo, una manera de pensar que posteriormente me permitió construir una trayectoria que no ha sido lineal: he transitado por la gestión comercial, el marketing, el emprendimiento, la consultoría, la innovación y la docencia.

Con el tiempo fui descubriendo que una de las cosas que más me moviliza es justamente conectar mundos que muchas veces funcionan separados: la ingeniería con las personas, la estrategia con la implementación, la academia con la empresa y las ideas con la realidad.

Creo que ese descubrimiento ha sido muy importante en mi trayectoria. Hoy puedo reconocer un hilo conductor que quizás cuando era estudiante no era tan evidente: siempre me ha interesado transformar conocimiento en acción y generar espacios donde otros también puedan desarrollarse.

3. Desde tu experiencia, ¿qué significa para ti ser mujer y desarrollarte profesionalmente en el área de la Ingeniería?

Para mí ha significado aprender a ocupar espacios con seguridad y, al mismo tiempo, hacerlo manteniendo mi propia manera de ejercer el liderazgo, sin perder mi autenticidad. En mi desarrollo profesional he tenido la fortuna de desenvolverme en ambientes laborales con una presencia bastante equilibrada de mujeres y hombres y, en general, en muy buenos entornos de trabajo.

Con los años, sin embargo, entendí algo que considero importante: no se trata de que las mujeres tengamos que adaptarnos a una determinada manera de ejercer liderazgo para poder pertenecer. La diversidad enriquece precisamente porque incorpora otras  experiencias, preguntas, sensibilidades y maneras de observar los problemas.

Nunca me he enamorado de los nombres de los cargos. Mi foco ha estado mucho más en asumir desafíos y trabajar junto a personas movilizadas por un mismo objetivo, independientemente del lugar que cada una ocupe jerárquicamente.

En mi caso, además, mi trayectoria profesional ha convivido con otros roles muy importantes de mi vida, entre ellos ser madre de tres hijos, junto con intereses y actividades en otros ámbitos. Compatibilizar familia, gustos personales, desarrollo profesional, emprendimiento y docencia me ha enseñado mucho sobre prioridades, flexibilidad y liderazgo.

Y en ese equilibrio he aprendido algo que considero fundamental: poner también mi autocuidado entre las prioridades.

4. ¿Hay algún logro o hito de tu carrera del que te sientas especialmente orgullosa? ¿Por qué?

Me cuesta identificar un solo hito porque siento que mi carrera se ha construido a través de etapas muy diferentes entre sí. Valoro profundamente haber desarrollado una trayectoria de más de dos décadas vinculada a empresas, gestión de negocios y marketing; haber trabajado en compañías como Unilever, Kellogg’s y Caffarena; y posteriormente haber dado el paso hacia el emprendimiento y la consultoría a través de TRADE OFF.

Sin embargo, uno de los aspectos de los que me siento especialmente orgullosa es haber logrado conectar esa experiencia profesional con el emprendimiento y, posteriormente, sumar la docencia.

Emprender no es fácil, y hacerlo teniendo tres hijos agrega nuevos desafíos. Requiere disciplina, perseverancia, seguir construyendo redes y, por supuesto, lograr que el proyecto sea sostenible y genere retornos. En ese salto que decidí dar, mi marido y mis hijos han sido un tremendo motor. Sin ese respaldo, mi historia probablemente habría sido diferente.

La decisión de emprender estuvo también relacionada con la posibilidad de tener mayor flexibilidad y organizar mis tiempos de una manera más compatible con mi rol de madre.

Pero esa libertad también ha significado aprender a poner límites, establecer horarios, definir prioridades y, por sobre todo, levantarse una y otra vez cuando las cosas no caminan como uno había imaginado.

Por otro lado, volver a la Universidad de Santiago como profesora ha tenido para mí un significado especial: regresar al lugar donde me formé y poder entregar a otros parte de lo que he aprendido en el mundo profesional.

Todo lo anterior me obliga, además, a mantenerme aprendiendo y actualizando conocimientos permanentemente. Algo que me apasiona es estudiar: fortalecer el pensamiento crítico, abrir la mente y, desde ahí, ser cada vez mejor acompañando a otros.

Hoy, cuando trabajo con profesionales y estudiantes de pregrado en innovación, transformación digital, emprendimiento o gestión de negocios, trato de transmitirles que la ingeniería no consiste solamente en aplicar herramientas. También implica observar, preguntar, comprender a las personas, trabajar con otros y transformar problemas reales en oportunidades de mejora.

Ese puente entre industria y academia probablemente representa, mejor que cualquier cargo, lo que hoy entiendo como mi aporte profesional.

5. A lo largo de tu trayectoria, ¿qué capacidades o fortalezas has desarrollado y cuáles han sido fundamentales para asumir roles de liderazgo?

Una de mis principales fortalezas ha sido la capacidad de ir transformándome para adaptarme y seguir aprendiendo.

Me he atrevido a construir una trayectoria no lineal: he trabajado en grandes empresas, emprendimiento, consultoría, educación ejecutiva y docencia universitaria. Cada cambio me ha obligado a aprender nuevamente y a mirar los problemas desde perspectivas diferentes.

Como resultado de ese recorrido, he desarrollado también la capacidad de aceptar un “NO” como respuesta, replantearme, cambiar, iterar, pivotear y volver a probar. En ese sentido, me autodefino como una mujer exigente, atrevida, inquieta y con una fuerte mentalidad innovadora y emprendedora.

También ha sido fundamental mi capacidad para conectar personas, ideas y disciplinas. Me gusta generar conversaciones entre mundos distintos y transformar esas conversaciones en proyectos concretos.

Hay otra capacidad que considero especialmente importante para liderar: escuchar. Durante mucho tiempo se asoció el liderazgo con tener respuestas. Mi experiencia me ha enseñado que muchas veces liderar consiste precisamente en hacer buenas preguntas, generar confianza, construir equipos y permitir que otras personas desarrollen sus propias capacidades.

Finalmente, destacaría la perseverancia. Una trayectoria profesional larga inevitablemente contiene éxitos, cambios, decisiones difíciles y momentos de incertidumbre. Aprender a seguir avanzando y ajustar el camino cuando es necesario ha sido fundamental.

6. ¿Por qué crees que es importante que más mujeres se interesen por estudiar Ingeniería y ocupar espacios de liderazgo en esta área?

Porque los grandes desafíos que estamos enfrentando como sociedad necesitan diversidad de miradas.

La ingeniería tiene una enorme capacidad de transformar nuestra vida cotidiana. Participa en decisiones relacionadas con tecnología, inteligencia artificial, ciudades, energía, empresas, salud, medioambiente, producción y prácticamente todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Si las mujeres no estamos suficientemente representadas en esos espacios, también estamos quedando fuera de una parte de las decisiones acerca de cómo queremos construir el futuro.

Por eso creo que no se trata solamente de aumentar el número de mujeres que estudian Ingeniería. También necesitamos que esas mujeres permanezcan, crezcan profesionalmente, lideren organizaciones, emprendan, investiguen, enseñen y participen activamente en los espacios donde se toman decisiones.

Las nuevas generaciones necesitan, además, mirar hacia adelante y encontrar referentes diversos que les permitan pensar: “yo también podría estar ahí”.

7. Si pudieras volver a encontrarte con la estudiante de Ingeniería que fuiste, ¿qué consejo le darías?

Le diría que confíe más en sí misma, que haga de la inquietud una actitud de vida, que no ponga barreras antes de intentarlo y que no tenga miedo al “NO”.

También le diría que trate de controlar esa ansiedad por tener todo el camino definido, que se atreva a probar cosas diferentes y que incluso improvise de vez en cuando.

Cuando uno es estudiante, muchas veces piensa que tiene que elegir correctamente desde el comienzo, el área en la que trabajará, el tipo de empresa, la especialización o incluso cómo debería verse una carrera exitosa.

Hoy le diría que una trayectoria profesional puede tener muchas etapas y que cambiar de dirección no significa retroceder. A veces son precisamente esas experiencias que parecen desconectadas las que, años después, terminan dando sentido a nuestra historia profesional.

También le diría que cuide sus redes, que busque buenos equipos, que sea curiosa y que se atreva a levantar la mano incluso cuando todavía no se sienta completamente preparada.

Y quizás lo más importante: que no mida su trayectoria solamente por los cargos que alcance, sino también por lo que aprende, por las personas en las que logra influir positivamente y por su capacidad de construir una vida que tenga sentido para ella.

8. ¿Qué mensaje te gustaría transmitirle hoy a una joven que está pensando en estudiar Ingeniería, pero que quizás todavía no se imagina a sí misma ocupando un espacio de liderazgo en este ámbito?

Le diría que no necesita imaginar hoy toda la profesional que será mañana.

Cuando yo entré a estudiar Ingeniería tampoco podía imaginar todos los lugares a los que esa decisión me llevaría ni la persona que llegaría a ser.

Sé que no siempre es fácil, pero para mí ha sido fundamental aprender a vivir con mayor conciencia: no olvidar de dónde vengo, reconocer lo que no quiero hacer, saber qué me apasiona, cuidar de mí misma y comprender que no estamos solos. Siempre existe un entorno que necesitamos aprender a leer, escuchar y comprender. 

La Ingeniería entrega herramientas extraordinarias para comprender problemas y transformar realidades, pero no existe una única manera de ser ingeniera. 

Esa formación puede llevarte hacia la tecnología, los negocios, la sustentabilidad, la innovación, la investigación, el emprendimiento, el sector público o muchos otros ámbitos.

Y respecto del liderazgo, tampoco hay que esperar a sentirse completamente preparada para comenzar a ejercerlo. 

El liderazgo se va construyendo: tomando decisiones, participando, equivocándose, aprendiendo, colaborando y atreviéndose progresivamente a ocupar espacios.

Así que mi mensaje sería muy simple: No descartes una posibilidad solamente porque todavía no logras verte en ella. Atrévete a entrar. El camino también se construye mientras lo recorres.

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