Fabiola Espíndola Muñoz, egresada de Ingeniería Civil Química de la Universidad de Santiago, ha construido una destacada trayectoria en la gran minería, donde actualmente se desempeña como Manager SPA Leaching en BHP. Primera universitaria de su familia y madre durante su etapa de formación, ha desarrollado una carrera marcada por la rigurosidad técnica, la integridad y el liderazgo. En esta entrevista, reflexiona sobre los desafíos de abrirse camino en una industria históricamente masculina y la importancia de generar más oportunidades para que las mujeres no solo ingresen a la ingeniería, sino que también lleguen a espacios de decisión.
1. ¿Qué te motivó a estudiar Ingeniería y qué recuerdas de tus primeros años como estudiante en la Universidad?
Nací en el campo de Los Andes y fui la única de mi generación en la familia que llegó a la universidad. Haber entrado a estudiar Ingeniería se lo debo a la guía de mi tía Nane que trabajaba en el Centro de Estudios en Ciencia y Tecnología de Alimentos (CECTA) de la Usach. Siempre me decía: “Fita, tú tienes que estudiar Ingeniería”. Ella me programó esa frase en la cabeza. Entonces, cuando me preguntaban qué quería estudiar, respondía «Ingeniería», sin saberlo aún con profundidad.
La ingeniería me atrajo porque me encantaba resolver problemas complejos y llegar al resultado. Me enamoré de las matemáticas. Si entendías un proceso, podías cambiar un resultado. En un origen donde las oportunidades no sobraban, eso era autonomía.
Los primeros años en la USACH fueron exigentes de una manera muy particular. En el primer año quedé embarazada. Estudié y crié al mismo tiempo. No lo hice sola: los abuelos de mi Jota fueron un sostén real, en especial mi madre, y también lo fueron mis compañeros.
Recuerdo el cansancio, las madrugadas y, al mismo tiempo, una certeza: si yo no sostenía ese camino, nadie lo iba a sostener por mí. Pero tampoco lo sostuve en soledad. La universidad no solo me entregó química de procesos. Me enseñó rigor, pensamiento crítico y que la ingeniería también es ética, responsabilidad y comunidad. Esa formación —técnica y vital— fue la base de todo lo que vino después en faena, en operaciones, en proyectos complejos y en liderazgo.
2. ¿Hubo alguna persona, experiencia o momento durante tu formación que haya sido especialmente importante para definir tu camino profesional?
Hubo varias. En el Liceo Mixto, dos profesores marcaron el inicio: Emilio Villablanca y Yenny Arévalo. Ellos sembraron en mí la pasión por los números y por los símbolos químicos. No fue solo «pasar el ramo». Fue descubrir un lenguaje: el de la precisión, el de las reacciones, el de lo que se puede calcular y transformar. Esa semilla después se convirtió en vocación por los procesos y por la operación minera.
El profesor de control Francisco Cubillos en la Universidad fue clave para habitar con más seguridad mis prácticas en minería, le hice muchas consultas y siempre estuvo disponible para apoyarme. Qué decir de la Blanquita, que fue como una madre en el Departamento de Ingeniería Química y Bioprocesos. Fue un soporte crucial cuando alguna vez faltó dinero para sacar fotocopias… muy generosa.
Recuerdo a mis compañeros… en especial la Maca, el Beri y la Andre. Ellos fueron claves para que yo pudiera llevar la carrera. Me acompañaron cuando el tiempo no alcanzaba, cuando la duda pesaba y cuando conciliar estudio y maternidad se sentía imposible. Con ellos, la universidad dejó de ser solo exigencia y se volvió red: alguien con quien estudiar, preguntar, reírse y no soltar.
3. Desde tu experiencia, ¿qué significa para ti ser mujer y desarrollarte profesionalmente en el área de la Ingeniería?
Significa habitar un espacio que no fue diseñado pensando en nosotras y, aun así, hacerlo con excelencia. Ser mujer en ingeniería —y más en minería— es convivir con la duda ajena, con la necesidad de “demostrar de más” y, a la vez, con la posibilidad de transformar la cultura desde adentro.
Para mí también significa no separar lo técnico de lo humano. He sido madre joven y he liderado operaciones y proyectos de alta complejidad. Eso no me hace “especial”: me hace consciente de que el talento femenino no falta. Lo que a veces falta es un sistema que permita permanecer, conciliar y liderar. Ser mujer en esta área es sostener el estándar técnico y, al mismo tiempo, abrir la puerta para que la siguiente no tenga que pagar el mismo peaje.
4. ¿Hay algún logro o hito de tu carrera del que te sientas especialmente orgullosa? ¿Por qué?
Hay hitos profesionales que valoro: haber recorrido compañías como Los Pelambres, Collahuasi, Antofagasta Minerals, Antucoya, Spence y hoy liderar en BHP, con foco en proyectos y continuidad operacional. También me enorgullece el rol de Vicepresidenta en WIM Chile y poder representar a las mujeres de la industria en conversaciones sobre fuerza laboral, permanencia y liderazgo.
Pero el logro del que más me siento orgullosa no cabe en un cargo. Es haber construido una vida profesional sólida, partiendo de un origen que no lo facilitaba: campo, primera generación universitaria, maternidad sola y heridas de infancia. Haber llegado a espacios de decisión sin renunciar a la integridad. Y haber convertido esa historia en mentoría, no en silencio.
5. A lo largo de tu trayectoria, ¿qué capacidades o fortalezas has desarrollado y cuáles han sido fundamentales para asumir roles de liderazgo?
La resiliencia, pero no la del discurso fácil: la de seguir cuando nadie aplaude. La capacidad de aprender en terreno. La escucha. La integridad. La gestión de la complejidad: procesos, riesgos, personas, permisos y sostenibilidad.
Para liderar me han sido fundamentales:
• la rigurosidad técnica (sin eso, el liderazgo en minería no se sostiene);
• la mirada sistémica (el proceso no termina en la pila o en el plano);
• la comunicación clara y la colaboración entre equipos;
• y una ética que no se negocia cuando hay presión por resultados.
También aprendí a no confundir dureza con liderazgo. El liderazgo que me interesa moviliza, cuida la seguridad, genera confianza y desarrolla a los equipos.
6. ¿Por qué crees que es importante que más mujeres se interesen por estudiar Ingeniería y ocupar espacios de liderazgo en esta área?
Porque la minería y la ingeniería resuelven problemas de país: energía, agua, procesos, continuidad operacional, comunidad, futuro. Si esas mesas siguen siendo homogéneas, las soluciones también lo serán.
Chile ha avanzado: la participación femenina en gran minería ha subido de forma relevante. Pero el desafío ya no es solo entrar. Es permanecer, desarrollarse y llegar a donde se decide. Faltan mujeres en roles operativos, de mantenimiento y en toma de decisiones. Más mujeres en ingeniería no es un gesto simbólico: mejora la seguridad, la innovación, la cultura y la legitimidad de la industria.
7. Si pudieras volver a encontrarte con la estudiante de ingeniería que fuiste, ¿qué consejo le darías?
Le diría: no tienes que ser perfecta para merecer estar aquí. Tu origen no es un déficit; es una escuela. Estudia con disciplina, pide ayuda, no te aísles. Cuida tu salud mental. No aceptes que te expliquen tu lugar.
También le diría que las heridas de la infancia no definen el techo de su vida, aunque a veces pesen. Que ser madre, si ese camino llega, no anula la vocación. Que el liderazgo no pide permiso: se construye con trabajo consistente, redes sanas y una ética firme.
Y le diría, con cariño: respira. Vas a llegar más lejos de lo que hoy te atreves a imaginar.
8. ¿Qué mensaje te gustaría transmitirle hoy a una joven que está pensando en estudiar Ingeniería, pero que quizás todavía no se imagina a sí misma ocupando un espacio de liderazgo en este ámbito?
El liderazgo no nace de una foto de cargo: nace de sostener problemas difíciles, de aprender, de servir a un equipo y de no soltar el propósito.
Estudiar Ingeniería le va a abrir un mundo de oportunidades en distintas industrias. Esas industrias necesitan miradas cognitivas diferentes para darle sostenibilidad a escenarios cada vez más complejos y cambiantes. Su forma de ver un problema, de preguntar y de resolver no es un extra: es parte de lo que el sistema necesita para sostenerse.
Si vienes de un lugar pequeño, si eres la primera de tu familia, si has tenido que criarte más rápido de lo justo, si dudas porque el aula o la faena se ven ajenas: igual es para ti. La ingeniería necesita tu mirada.
Busca referentes, pero no esperes a que te elijan. Fórmate bien. Entra a redes como WIM. Pregunta. Equivócate. Vuelve a intentar. Y recuerda esto: ocupar un espacio de liderazgo no es volverte otra persona. Es llevar contigo tu historia —completa— y usarla para que el camino de las que vienen sea un poco menos solitario y un poco más justo.






