Entrevista a egresada Andrea Armijo, Ingeniera Civil en Obras Civiles: “Cuando ampliamos las oportunidades para las mujeres, no solo ganamos nosotras. Gana la ingeniería, la industria y la sociedad”

Andrea Armijo Zarricueta ha construido una trayectoria marcada por la curiosidad, el rigor técnico, la capacidad de conectar personas y el impulso por buscar nuevas oportunidades. Actualmente lidera el área de Energía de QUADRANTE en Chile y forma parte del Directorio de CIGRÉ Chile. En esta entrevista, comparte los aprendizajes de su recorrido profesional, su compromiso con la participación femenina en la ingeniería y su convicción de que liderar no significa adaptarse a modelos tradicionales, sino desarrollar una forma propia de aportar y generar cambios.

1. ¿Qué te motivó a estudiar Ingeniería y qué recuerdas de tus primeros años como estudiante en la Universidad?

La verdad es que llegué a estudiar Ingeniería casi por accidente. Durante toda la enseñanza media tuve promedio 7 en Matemáticas, pero curiosamente nunca nadie me incentivó especialmente a seguir ese camino. Simplemente era algo que se me daba bien.

En ese tiempo quería estudiar una carrera donde pudiera ver un aporte concreto a la sociedad. Me imaginaba más bien en el área de la salud. Sin embargo, no obtuve el puntaje que necesitaba para ingresar a lo que quería y decidí probar con Ingeniería.

Y ahí vino mi primera gran sorpresa: descubrí el verdadero valor de las matemáticas. Entendí que no eran solamente números o fórmulas, sino una herramienta extraordinaria para comprender el mundo, resolver problemas, dar argumentos con datos y transformar ideas en soluciones concretas. Fue entonces cuando me di cuenta de que ese era mi camino.

Eso no significa que la carrera haya sido fácil. ¡Para nada! Me costaron muchísimo algunos ramos, especialmente Física, Electromagnetismo y Dibujo. Y seamos sinceros, en esa época, el ambiente universitario y algunas formas de enseñar tampoco hacían que el tránsito por la carrera fuera particularmente amable. Pese a todo eso, logré sacar la carrera en 6 años y medio.

Hoy lo miro con perspectiva y creo que esa experiencia también forjó mi carácter. Aprendí a perseverar, a enfrentar las dificultades y a descubrir que algo puede apasionarte profundamente, aunque no siempre te resulte fácil. 

Si le hubieran preguntado a la Andrea de 15 años si se imaginaba estudiando Ingeniería Civil, probablemente habría puesto cara de aburrimiento. ¡No tenía idea de lo entretenida,  desafiante y sorprendente que podía llegar a ser!

2. ¿Hubo alguna persona, experiencia o momento durante tu formación que haya sido especialmente importante para definir tu camino profesional?

Tuve la fortuna de encontrarme con profesores y profesoras extraordinarios, de esos que uno recuerda toda la vida y amigos muy queridos y además encontré un gran amor. 

Recuerdo especialmente Geotecnia, con la profesora Gloria, donde descubrí lo fascinante que podía ser comprender las rocas, sus orígenes y los procesos que dan forma a nuestro entorno. También recuerdo Ingeniería Antisísmica, un ramo que me costó muchísimo, pero donde tuve a Silvana Cominetti, una gran profesora que dejó una huella muy importante en mí. Hugo Barrera que fue mi profesor de memoria. Y hay alguien a quien recuerdo con especial gratitud: el profesor José Piña, de Física II, donde los campos magnéticos y eléctricos fueron grandes desafíos para mí. Nunca olvidaré su dedicación, su paciencia y el apoyo que me entregó. Hoy ya no está con nosotros, pero lo sigo recordando con muchísimo cariño.

También me marcó profundamente mi compañera y amiga Pamela Núñez. Siempre admiré su inteligencia, su rapidez y su capacidad para resolver problemas. Con los años se convirtió en una destacada profesional del área de caminos, y nuestra amistad continúa hasta hoy.

Hemos compartido mucha vida, desafíos, alegrías y aprendizajes. Hay entre nosotras un cariño y una admiración mutua que valoro enormemente. También están mis amigos eléctricos, sobre todo Alejandra Rojas, que aunque no estudiamos juntas, sí seguimos pasando grandiosos momentos.

Y, por supuesto, mi marido, a quien conocí siendo muy jóvenes. Hemos crecido, madurado y aprendido juntos. Tener un compañero de ruta con quien compartir los desafíos y las decisiones de la vida ha sido muy importante. 

Creo que, al mirar hacia atrás, uno descubre que su trayectoria no está construida solamente por las decisiones que toma, sino también por las personas que encuentra en el camino.

Y mi carrera profesional también estuvo llena de sorpresas. Si cuando estudiaba alguien me hubiera dicho que terminaría trabajando en energía, probablemente habría respondido: “¡No, por ningún motivo! ¡No quiero volver a ver redes, circuitos ni campos electromagnéticos!”.

Sin embargo, cuando llegué a Ingendesa y descubrí el mundo de la energía, quedé fascinada. Me encontré con una industria extraordinaria, con profesionales muy generosos que compartieron sus conocimientos y con enormes posibilidades de contribuir al desarrollo del país. En ese momento decidí que era en este sector que me quería desarrollar. Con los años, las energías renovables y la transición energética se transformaron en una de mis grandes pasiones profesionales.

3. Desde tu experiencia, ¿qué significa para ti ser mujer y desarrollarte profesionalmente en el área de la Ingeniería?

Más que durante la universidad, fue en mis primeros años de vida profesional cuando realmente sentí lo que significaba ser mujer en un mundo donde éramos muy pocas. En ocasiones me sentí bastante sola, porque tenía pocas mujeres con quienes compartir experiencias y tampoco contaba con muchos referentes femeninos.

En ese entonces creía que el camino era hacer bien mi trabajo, muchas veces de manera silenciosa, apoyando la gestión de mis jefes y esperando que los resultados hablaran por sí solos. Afortunadamente, en Hatch tuve jefes visionarios que valoraron mis capacidades y me dieron tempranamente espacios para opinar, proponer y aportar en las decisiones. Eso fue muy importante para desarrollar mi confianza profesional.

Con el tiempo comprendí que no bastaba con avanzar individualmente. También quería contribuir a que otras mujeres encontraran oportunidades y pudieran desarrollar sus talentos.

Por eso, cuando tuve la oportunidad de liderar Mujeres Programadoras, un programa pionero de reconversión laboral hacia el mundo digital, sentí que podía hacer un aporte concreto a la sociedad. Y ocurrió algo que no había anticipado: mientras ayudaba a otras mujeres a reinventarse profesionalmente, yo también me iba reconvirtiendo junto con ellas.

Fue una experiencia extraordinaria y transformadora. Desde Fundación Kodea lideré esta iniciativa, que logró tasas de empleabilidad superiores al 80% y despertó el interés de más de 100 empresas. Lo que comenzó como un programa de formación para 70 mujeres contribuyó, un año después, al desarrollo de Talento Digital para Chile, una iniciativa público- privada de alcance nacional que amplió las oportunidades de formación y reconversión laboral para más de 1.600 personas.

Esa experiencia reforzó profundamente mi compromiso con la participación femenina. Cuando regresé al sector energético, quise poner esos aprendizajes al servicio de una industria que también necesitaba avanzar en diversidad e inclusión. Así comencé a contribuir a iniciativas como Energía +Mujer, fui una de las socias fundadoras de la Asociación de Mujeres en Energía y me involucré activamente en Walk The Talk, una comunidad que ha sido especialmente significativa para mí y en cuyo Think Tank participo. 

También he tenido la oportunidad de colaborar con la Red de Ingenieras, participar en estudios del Instituto de Ingenieros de Chile y realizar charlas motivacionales para estudiantes de enseñanza media. En una de esas iniciativas del Instituto tuve, además, la alegría de reencontrarme con mi profesora Silvana Cominetti, lo que fue muy especial. 

Hoy creo que ser mujer en Ingeniería significa mucho más que abrirse camino en una profesión históricamente masculina. Significa ejercer con excelencia, aportar nuestra propia mirada y también contribuir a que las nuevas generaciones encuentren más oportunidades y menos barreras.

Y he aprendido algo que considero fundamental: no existe una sola manera de ser ingeniera, de construir una carrera ni de ejercer el liderazgo. Lo importante es que cada mujer tenga la libertad de descubrir su propio camino y desarrollar todo su potencial.

4. ¿Hay algún logro o hito de tu carrera del que te sientas especialmente orgullosa? ¿Por qué?

Hay varios hitos que recuerdo con mucho orgullo, pero curiosamente fue recién cerca de los 40 años cuando logré identificar con claridad cuál era mi propuesta de valor profesional: mi capacidad para involucrarme en iniciativas pioneras y conectar conocimientos, personas y oportunidades, y transformar esas conexiones en proyectos con impacto. 

Uno de los trabajos que más me marcó fue haber participado en el primer estudio de uso eficiente de energía y recursos hídricos realizado para cinco operaciones de la División El Teniente de Codelco, entre 2010 y 2011. Era una época en que la eficiencia energética todavía no tenía el protagonismo regulatorio y estratégico que tiene hoy. El estudio permitió identificar iniciativas con un potencial de ahorro de 24% del consumo de energía en el mediano plazo y de 35% del consumo anual de agua.

Me enorgullece especialmente porque demostramos que la ingeniería podía contribuir de manera concreta a una minería más eficiente y sostenible. A raíz de ese trabajo, recibí la invitación para incorporarme al Instituto de Ingenieros de Chile, del que formo parte desde 2011.

Otro momento que recuerdo con mucho cariño fue cuando, en 2019, recibí el reconocimiento Mujer Power en Energía. En ese entonces lo viví con alegría y gratitud, pero creo que con los años he ido comprendiendo más profundamente lo que significa recibir ese tipo de reconocimientos.

Cuando una mujer comienza a tener mayor visibilidad, también adquiere una responsabilidad. Porque, aunque una no siempre sea consciente de ello, hay otras mujeres y jóvenes que están observando, buscando referentes e imaginando sus propias posibilidades.

Otro de los hitos que recuerdo con especial emoción fue mi elección como consejera de ACERA, la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento, en 2021. Hasta ese momento había desarrollado gran parte de mi carrera trabajando intensamente, muchas veces de manera silenciosa, impulsando proyectos, generando oportunidades y contribuyendo al desarrollo del sector energético. 

Cuando mis propios pares me eligieron para integrar el Consejo, siendo socia persona natural y no representante de una empresa, sentí algo muy especial. Comprendí que todo ese trabajo, esas relaciones construidas durante años y el compromiso que había puesto en mi profesión habían dejado una huella.

Fue un reconocimiento que no venía de un jefe ni de una organización donde trabajaba, sino de las personas con quienes había compartido el desarrollo de la industria. 

Creo que ese momento me ayudó a reconocer con mayor claridad mi propio valor profesional. A veces las mujeres somos muy exigentes con nosotras mismas y nos cuesta dimensionar lo que hemos construido. Esa elección me hizo mirar mi trayectoria con otros ojos.

Hoy estoy viviendo otra etapa muy significativa de mi carrera. Asumí el desafío de liderar el área de Energía de QUADRANTE en Chile, una empresa internacional de ingeniería desde la cual espero contribuir al desarrollo de proyectos y soluciones que respondan a los grandes desafíos de la transición energética.

Al mismo tiempo, formar parte del Directorio de CIGRÉ Chile tiene un significado muy especial para mí. Es una oportunidad de contribuir desde una mirada más amplia, conectando el conocimiento técnico, la experiencia de la industria y la necesidad de pensar estratégicamente en el futuro de nuestras redes eléctricas. 

Si miro hacia atrás, me sorprende pensar que aquella estudiante que no quería volver a saber de redes, circuitos ni electromagnetismo, hoy está profundamente comprometida con el desarrollo del sector eléctrico. 

La vida me ha sorprendido muchas veces, pero también he aprendido que llega un momento en que debemos tomar las riendas de nuestra propia trayectoria y decidir dónde queremos aportar nuestro conocimiento y experiencia.

5. A lo largo de tu trayectoria, ¿qué capacidades o fortalezas has desarrollado y cuáles han sido fundamentales para asumir roles de liderazgo?

Creo que una de mis principales fortalezas ha sido la capacidad de conectar personas, conocimientos y oportunidades. La ingeniería me entregó una manera estructurada de analizar y resolver problemas, pero la experiencia me enseñó que los grandes desafíos no se resuelven solamente desde lo técnico. También requieren escuchar, construir confianzas, negociar y movilizar a personas con distintas capacidades en torno a un propósito común.

Sin embargo, mi relación con el liderazgo ha ido cambiando profundamente a lo largo de los años. Durante mucho tiempo no me interesó especialmente acceder a posiciones de mayor jerarquía. Y no era porque no me sintiera capaz, sino porque no me identificaba con los modelos de liderazgo que veía. Esa idea de liderar desde el ego, el poder, la autoridad o la necesidad de demostrar permanentemente quién tiene el control nunca me hizo sentido.

Creo que el estallido social y la pandemia marcaron un antes y un después en mi manera de mirar la vida, el trabajo y lo que realmente quería aportar.

En ese proceso fueron fundamentales las conversaciones que compartí con las mujeres de WTT33, de Walk The Talk. Mujeres extraordinarias, de distintos países, edades, profesiones y trayectorias, con quienes he podido conversar desde un lugar muy auténtico, más allá de nuestros cargos y responsabilidades.

Walk The Talk ha sido una aventura que disfruto muchísimo. Me ha permitido conocerme profundamente, aprender a tratarme con más amabilidad, reconocer mis fortalezas, aceptar mis limitaciones y aprender a poner límites. También me ha enseñado el valor de mostrarnos como somos, compartir nuestras experiencias y construir relaciones desde la confianza.

Y en ese camino comprendí algo muy importante: no necesitaba adaptarme a un modelo de liderazgo que no me representaba. Podía construir mi propia manera de liderar. 

Hoy me interesa un liderazgo constructivo, que saque lo mejor de cada persona, que genere espacios de confianza y donde los equipos puedan crecer y desarrollarse. Creo que liderar no significa tener todas las respuestas, sino saber escuchar, hacer las preguntas correctas, reconocer las capacidades de los demás y generar las condiciones para que las personas puedan aportar lo mejor de sí mismas.

Con los años también he aprendido que liderar requiere tomar decisiones difíciles, asumir responsabilidades, enfrentar conversaciones incómodas y tener la capacidad de mantener el rumbo incluso en momentos de incertidumbre. Y que la empatía, la colaboración y la cercanía no están reñidas con la exigencia, la determinación ni la capacidad de conseguir resultados.

Si tuviera que identificar las fortalezas que más me han ayudado, diría que son la curiosidad, la perseverancia, la capacidad de construir relaciones de confianza y, especialmente, la habilidad de conectar distintas miradas para transformar ideas en iniciativas concretas.

Hoy, desde mi responsabilidad liderando el área de Energía de QUADRANTE en Chile y participando en el Directorio de CIGRÉ Chile, intento poner esas capacidades al servicio de desafíos que van mucho más allá de mi propio desarrollo profesional.

Y quizás uno de mis aprendizajes más importantes ha sido comprender que el liderazgo no consiste en convertirse en alguien diferente para ocupar una posición, sino en aprender a ejercer esa responsabilidad desde lo que uno realmente es, con sus fortalezas, sus valores y también sus imperfecciones.

6. ¿Por qué crees que es importante que más mujeres se interesen por estudiar Ingeniería y ocupar espacios de liderazgo en esta área?

Creo que los grandes desafíos que enfrenta nuestra sociedad necesitan todo el talento disponible y distintas maneras de mirar los problemas. Y la Ingeniería tiene un papel fundamental en las transformaciones que estamos viviendo. 

Hoy hablamos de transición energética, cambio climático, digitalización, inteligencia artificial y nuevas tecnologías. Son desafíos enormes, que no podemos abordar solamente desde el conocimiento técnico. Necesitamos creatividad, colaboración, capacidad de cuestionar lo establecido y nuevas perspectivas.

Pero también creo que debemos dar un paso más. No basta con que más mujeres estudien Ingeniería o ingresen a la industria. Necesitamos que permanezcan, se desarrollen profesionalmente y participen en los espacios donde se genera conocimiento y se toman decisiones.

Desde mi participación en el Directorio de CIGRÉ Chile, por ejemplo, hay algo que me interesa especialmente: que más ingenieras se atrevan a desarrollar investigaciones, escribir artículos técnicos y presentar sus trabajos en encuentros internacionales, como la Sesión de CIGRÉ en París. Tenemos profesionales extraordinarias, con muchísimo conocimiento y experiencia, y me gustaría verlas cada vez más presentes en esos espacios.

También creo que necesitamos ampliar nuestra manera de entender el liderazgo. No todas las mujeres tienen que aspirar a ser gerentes o directoras. Algunas querrán investigar, otras desarrollar tecnologías, emprender, diseñar proyectos o formar nuevas generaciones. Y todas esas trayectorias son valiosas. Lo importante es que ninguna mujer descarte una oportunidad porque crea que ese espacio no está hecho para ella.

Y hay algo que me parece fundamental: no se trata solamente de incorporar más mujeres a los modelos de liderazgo que ya existen, sino también de aprovechar esa diversidad para construir nuevas maneras de trabajar, colaborar y tomar decisiones. Porque cuando ampliamos las oportunidades para las mujeres, no solo ganamos nosotras. Gana la ingeniería, la industria y la sociedad.

7. Si pudieras volver a encontrarte con la estudiante de Ingeniería que fuiste, ¿qué consejo le darías? 

¡Primero le diría que se tranquilice, que Física II y Electromagnetismo no van a definir su futuro!.

Le diría que confíe más en sí misma, que disfrute el camino y que no se angustie tanto por tener todas las respuestas. Que no necesita saber exactamente qué quiere hacer con su vida, porque algunas de las mejores oportunidades van a llegar por caminos que nunca imaginó.

También le diría que sea más amable consigo misma. Que no necesita demostrar permanentemente que puede con todo, que está bien equivocarse, pedir ayuda y reconocer sus propios logros. Eso es algo que a mí me ha tomado muchos años aprender.

Le diría que cuide a las personas que va encontrando en el camino. Que valore a sus profesores, a sus amigos y a quienes generosamente comparten sus conocimientos, porque muchas de esas relaciones la van a acompañar durante toda la vida.

Y, sobre todo, le diría que mantenga la curiosidad y que no tenga miedo de cambiar de opinión. 

Porque esa joven que llegó a estudiar Ingeniería casi por accidente, que soñaba con construir puentes y que no quería volver a saber de redes ni circuitos eléctricos, terminaría descubriendo un mundo fascinante en la energía, participando en proyectos extraordinarios y encontrando una profesión que le permitiría aportar a la sociedad de maneras que jamás imaginó.

Creo que le diría algo muy sencillo: “confía en ti, atrévete a explorar y disfruta más el camino. La vida te va a sorprender, y muchas veces para bien”.

8. ¿Qué mensaje te gustaría transmitirle hoy a una joven que está pensando en estudiar ingeniería, pero que quizás todavía no se imagina a sí misma ocupando un espacio de liderazgo en este ámbito?

Le diría que se atreva. Que no necesita tener una vocación completamente definida ni imaginarse hoy como una gran ingeniera o una líder para decidir estudiar ingeniería. Yo tampoco me imaginaba en ese lugar.

La Ingeniería es mucho más amplia, entretenida y desafiante de lo que a veces creemos. Nos entrega una forma de pensar, de comprender el mundo y de encontrar soluciones a problemas que afectan la vida de las personas. Y esas herramientas nos pueden llevar por caminos muy distintos.

Hoy hay algo que me emociona especialmente: mi hija también decidió estudiar Ingeniería Civil y ya egresó. Ahora está descubriendo su propio camino profesional, en una industria diferente de la mía. Me encanta verla en ese proceso, porque aunque compartimos la misma profesión, no tenemos por qué compartir los mismos intereses, decisiones ni sueños. Cada generación tiene sus propios desafíos y oportunidades. Y verla comenzar su vida profesional me hace recordar a la joven que fui, con todas sus incertidumbres, expectativas y ganas de descubrir el mundo.

También les diría a las jóvenes que no descarten la posibilidad de liderar simplemente porque no se identifican con los modelos tradicionales de liderazgo. A veces escucho a mujeres decir que no les interesa liderar, y creo que es porque asociamos el liderazgo con tener poder, ser jefa o alcanzar una determinada posición. Pero liderar es mucho más que eso. También lideramos cuando impulsamos una idea, cuando ayudamos a otros a crecer, cuando compartimos conocimientos o cuando nos atrevemos a generar un cambio.

No necesitamos convertirnos en otra persona para liderar. Podemos hacerlo desde nuestras propias fortalezas, convicciones y valores. Y si algo me gustaría transmitirles es que no esperen a sentirse completamente preparadas para atreverse. Que busquen personas que las inspiren, construyan redes, hagan preguntas, se equivoquen y sigan aprendiendo. Cuando salí de la universidad, yo quería construir puentes. Finalmente, mi carrera tomó otros caminos y terminé construyendo otro tipo de puentes: entre personas, conocimientos y oportunidades. Y hoy, al ver a mi hija comenzar a construir su propio camino, siento que esa historia continúa, aunque ahora le corresponde a ella decidir hacia dónde quiere llevarla. Porque al final, lo importante no es seguir el camino que otros imaginaron para nosotras, sino atrevernos a construir el nuestro.

Cuando una mujer comienza a tener mayor visibilidad, también adquiere una responsabilidad. Porque, aunque una no siempre sea consciente de ello, hay otras mujeres y jóvenes que están observando, buscando referentes e imaginando sus propias posibilidades.

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